06 01 2018. NO HAY QUE PERDER LA ESPERANZA
No está mal que esto lo diga alguien que milita, por convencimiento y por aburrimiento, en el nutrido bando de los escépticos. A pesar de las incontables señales indicadoras de que no hay especiales motivos para confiar en que la situación vaya a cambiar en un futuro inmediato, al menos de forma sustancial, uno se resiste a arrojar la toalla y, por el contrario, piensa que quizá sea posible la aparición, en forma de varita mágica, de un remedio que active la aletargada vida de esta ciudad. Si miramos hacia el balance global del año que ha terminado encontraremos un vacío total en cuanto a novedades de interés pero, eso sí, muchos anuncios de proyectos e ideas que se trasladan a un hipotético futuro, que solo podrán conocer los muy longevos. Sería interesante hacer una clasificación, al modo de esas en...