30-12-2017 EL CUENTO DE NUNCA ACABAR
Un amigo, al que veo poco pero hacia el que conservo un profundo y ya inmarchitable afecto, decía una frase insustancial, nada trascendente, pero con eficaz sentido: “Qué bonita va a quedar Cuenca… cuando la terminen”. El problema es que eso me lo decía hace más de treinta años, cuando parecía que la ciudad estaba inmersa en un profundo proceso de cambios estructurales y ambientales (recordemos: la construcción del Auditorio, el edificio Carmelitas, San Pablo transformándose en parador de turismo, el edificio de la Inquisición preparándose para Archivo, la Casa de Beneficencia convertida en delegación administrativa, el Museo de las Ciencias tomando forma y tantos otros lugares que por entonces cambiaban de aspecto y funcionalidad) que hacía imaginar, o quizá suponer, atrevidamente, que todo eso llegaría algún día a su término y podríamos contemplarlo en conjunto. La ciudad terminada, reluciente, cada pieza en su sitio y todo funcionando armónicamente. ...